IX Encuentro del Club "Ruedas y Rieles" en Guipúzcoa.
30 de Mayo

    

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A las 7:30 de la mañana nos reunimos en la salida de la Avenida Meridiana de Barcelona con los otros 4 coches que nos acompañaban desde allí. Carles, el presi, nos había preparado el rutómetro hasta Tolosa, así que no había excusa para perderse. A buen ritmo, se nos fueron uniendo socios catalanes a lo largo del recorrido, hasta completar la decena de vehículos que formaba nuestra particular comitiva hacia tierras vascas. Los últimos en sumarse, Josep Valls y Dolors Collell, nos obsequiaron con un espectacular almuerzo en su casa de Bellpuig. Xino xano, como se dice por aquí, nos plantamos en Alfajarín y allí un nuevo episodio gastronómico en forma de cocas sobre el capó del R8 de Josep Carbó. Y para la hora de la comida echamos mano de nuestro entonces más reciente socio, Juan González, que nos esperó a la altura de Ribaforada para guiarnos hasta el restaurante de Castejón que él mismo se encargó de reservar. Dos semanas en el Club y ya le encargamos cosas: qué morro tenemos…

Sin más novedad que alguna reducción a tercera, que nos iba delatando a qué parajes llegábamos, nos plantamos en Tolosa con tiempo de monopolizar la atención de los visitantes de la Feria, que a buen seguro no se esperaban tanto erreocho junto. Los de A3TV vieron allí la ocasión y, según nos cuentan las malas lenguas (nosotros no pudimos verlo porque estábamos en el Encuentro) nuestro presi tuvo su minuto de gloria en un informativo de dicha cadena de televisión. A todo esto, ya habíamos tenido ocasión de conocer a buena parte de nuestros anfitriones vascos, así como al resto de visitantes: Jorge Borrallo y Juanma Cuevas, llegados de Cáceres y Palencia, respectivamente. Por parte de los de casa, además de Janine y Roberto, móvil en ristre guiándonos para llegar hasta el recinto ferial, andaban por allí Cristina González, un poco coja, y el vasco de adopción Sergio Serret, además de Mikel, cuya furgoneta Mercedes nos haría de coche cero durante todo el domingo, y José Mari Monroy, al que muchos recordaréis como el tercer hippie del VII Encuentro. Tras poco más de una hora visitando la Feria y constatando que los precios son igual de baratos en todas partes, salimos en fila, encabezamos por el amarillísimo coche de Cristina, para conocer un poco mejor las calles de Tolosa. Los sufridos transeúntes también tuvieron oportunidad de conocer los faros y, sobre todo, las bocinas de nuestros coches. De Tolosa salimos, ya anocheciendo, hacia Urnieta, localidad que se encontraba en fiestas, y cedió la acera del Ayuntamiento para que dejásemos los coches en batería mientras cenábamos; cena animada periódicamente por el desfile de botellas de sidra y el espectacular ritual de Sergio Serret cada vez que tocaba estrenar una. Lo más espectacular, de todas formas, se quedó para después del postre: unos breves pero intensos minutos, dignos del mejor show del Tricicle, a cargo de Josep Carbó, Josep Valls y Carles Andrés.

Al día siguiente, el hotel amaneció poblado por toda una serie de extraños personajes: una pareja sioux cacereña, otra (improbable) pareja formada por un pastor anglicano y una bruja… pero el colmo fue ver aparecer a Isabelita la Cochina, cuyos rasgos me recordaban poderosamente a nuestro querido presi… eso sí, con algo más de pelo. Salimos hacia San Sebastián comprobando que la lluvia, que nos había respetado durante todo el sábado, no estaba por la labor de seguir con su tregua. De todas formas se trataba del típico siri-miri norteño, así que poquito a poco cala, pero no molesta. Frente al Estadio de Anoeta ya nos esperaba el resto de socios vascos asistentes, así como el conocido Gordini francés de José María Garbi. Para aportar un poco de variedad, contamos con la presencia de un posclásico Mercedes 230E, y del Seat 1500 de José Mari Monroy. En el coche de los granjeros Roberto y Janine, cargados incluso con una vaca (con v) en la baca (con b) de su camaleónico R8, nos fueron repartiendo los rutómetros y, sin entretenernos mucho (el siri-miri va calando) arrancamos. El comienzo de la ruta nos permitió conocer brevemente San Sebastián (o Donostia, como se prefiera). Una lástima que a esa hora de la mañana dominical estuviera tan poco concurrida. No sé los demás, pero yo me prometí volver para visitarla con más calma. En la subida al monte Igeldo la lluvia, sin desaparecer del todo, le cedió el protagonismo a la niebla. último encuentro Protagonismo ingrato, ya que nos privó de un bonito paisaje. Otro lugar al que volver. Parece que no será el en San Sebastián… eso sí, Meteosat mediante. Descenso del monte, y la lluvia que fue cesando. Durante un rato el recorrido discurrió por la carretera que bordea la costa, ofreciéndonos el bello panorama de las calas que rodean San Sebastián. El recorrido, antes de que se me olvide citarlo, discurría por San Sebastián, Ondarreta, monte Igeldo, Orio, Zarautz, Getaria, Zumaia, Arona, Zestona, Azpeitia, Regil, Bideyorie, Albiztur y Hernani. La verdad es que no sabría deciros qué vino antes y qué después, porque los parajes vascos me distrajeron por completo. A medio camino de Azpeitia nos detuvimos para lo que Roberto, en su modestia, me había descrito como un pintxo; descripción que quedó ampliamente pluralizada en la realidad, y de allí salimos unos cuantos con la firme convicción de que no íbamos a tener sitio para la comida. Sergio Serret desenfundó la guitarra y nos ofreció lo mejor de su cancionero, rematando la faena con una "Chica ye-ye" a dúo con… Isabelita la Cochina. Regreso a los erreochos, y continuamos ruta hacia Azpeitia. La conducción entre esos verdes paisajes era una delicia. Fuimos la ¿sana? envidia de un par de patrullas de la Guardia Civil que, ante tanto R8 seguido, no pudo por menos de hacernos luces para saludar. Cómo cambian los tiempos…

En Azpeitia les tocaba un rato de descanso a nuestros coches. Esta localidad cuenta con uno de los mejores museos ferroviarios que se pueden visitar en España. Una simpática guía (lamento no recordar el nombre ahora) nos fue enseñando el material que se conserva en las naves de lo que fue la antigua estación de ferrocarril, una colección formada por distintas locomotoras, coches de viajeros, vagones-tolva, tranvías, trolebuses, autobuses e incluso un curiosa bicicleta sobre raíles para inspección de vía. Todo ello en un magnífico estado de conservación. Tras un rato para visitar la zona del museo dedicada a exposición de objetos varios relacionados con la historia del ferrocarril, llegó la hora de subir al tren. La locomotora de vapor del Museo, remolcando dos coquetos vagones de madera, estaba lista para nuestro viaje. Un viaje de ida y vuelta, de poco más de 5 Km., en el que disfrutamos como niños (y algunos son peor que críos…)

Tras el Museo, otra rato de curvas y pendientes rodeadas de verdes paisajes, con parada incluida para la foto en caravana (la que podéis ver el número de Julio de Clásicos Exclusivos), y en poco rato nos plantamos en el restaurante. ¡Qué corta se nos había hecho la mañana! Eso sí, aún quedaba la comida, y ésta no desmereció en absoluto a las expectativas que nos habíamos formado. Hubo momentos en los que nos preguntábamos si era posible que aún tuvieran que traer más platos. Al postre llegamos repletos, pero eso sí, nadie se lo dejó.

Y llegó el momento, para Roberto y Janine, de hacer de maestros de ceremonias: la entrega de recuerdos y trofeos. Que fueron los siguientes:

    

LOS PREMIADOS


- Trofeo al Más Lejano:
Jorge Borrallo, que condujo desde Cáceres su R8 de 1971.

- Trofeo al Más Antiguo:
Alfredo de la Salud, o mejor dicho su R8 de 1966.

- Trofeo al 2º Más Antiguo:
Manuel Ayala, o más bien su R10 de 1966.

- Trofeo al Mejor Restaurado:
Alfredo de la Salud, por su recién re-estrenado R8.

- Trofeo al Mejor Conservado:
Jorge Borrallo, por su impecable R8.

- Trofeo al Mejor Disfraz:
Carles Andrés; o Isabelita la Cochina, como se prefiera.

- Trofeo al 2º Mejor Disfraz:
Josep Carbó, que nos dio su bendición.

- Trofeo al Vehículo Familiar:
Josep Valls y Dolors Collell, una familia a bordo de un TS azul.

- Trofeo OCHO, que se entregará a partir de ahora a aquellos socios que acudan a OCHO Encuentros del Club,
para Carles Andrés, el primero en lograrlo (y además, consecutivos).


Un buen rato de abrazos, despedidas, promesas de repetir en el próximo Encuentro en el País Vasco… y el momento de volver a casa. Eso sí, algunos no teníamos suficiente y, aprovechando que el lunes fue festivo en Cataluña, nos tomamos con tranquilidad el camino de vuelta, haciendo noche en Castejón y aprovechando para visitar a la Pilarica en Zaragoza. Quién sabe si alguno le hizo una secreta promesa de visitarla pronto de nuevo con los R8… pero eso ya será otra historia.

    
   
    
    


    
   
    
    

    
   
    
    


    
   
    
    
Fotos facilitadas por Roberto Rodrigez.